Mendoza Vargas: Benach, N. (Ed.) (2017). William Bunge. Las expediciones geográficas urbanas. (Colección Espacios Críticos, núm. 10). Icaria Editorial, Barcelona. 260 pp., ISBN 978-84-9888-778-5

Desde el Departamento de Geografía humana de la Universidad de Barcelona, Núria Benach Rovira presenta a un geógrafo excepcional, William Bunge (1928-2013), en el marco de la mítica colección Espacios Críticos, ya con una docena de libros publicados (Benach y Albet, 2013). Bunge era un geógrafo inmerso en dos mundos, el de la sociedad estadounidense y el de la geografía como disciplina universitaria, ambos, enfrentados a un profundo cambio cultural de enorme relevancia en los años sesenta y setenta del siglo XX.

En un ambiente de nuevas ideas para la geografía en la década de los sesenta, Bunge dio a conocer su obra Theoretical Geography (1962), escrita como tesis doctoral presentada en la Universidad de Washington (1960). Ahí había nuevos caminos, bajo un enfoque analítico, hacia una “dimensión geométrica” en el análisis espacial, especialmente, en la geografía económica. Sin embargo, esta ruta abierta se estrellaba ante los problemas, cada vez más visibles, del racismo, la pobreza o la intervención militar de los Estados Unidos en Vietnam; todo esto cambió a la sociedad estadounidense en unos años acelerados, así como los presupuestos del quehacer geográfico y el papel del geógrafo en la sociedad.

Bunge llegó a Detroit a vivir con su familia en 1962; su vivienda se encontraba en Fitzgerald, un barrio de 20 000 habitantes al noroeste de Detroit,1 y ahí trabajó para la Wayne State University. El trabajo de campo era cada vez más importante para él, y en 1968 organizó la Expedición Geográfica de Detroit, con Gwendolyn Warren, una joven afroamericana de 18 años que conocía aquellos barrios. El trabajo dio varios resultados, como el “atlas de los niños de Detroit” (p. 34). Benach indagó entre los geógrafos de la primera fila, como William Garrison, Richard Peet o David Harvey, entre otros, para llevar al lector por los detalles que conformaron la ruta intelectual de aquellos años, como el surgimiento de la geografía radical y la distancia que abrieron desde la geografía marxista a sus métodos y análisis; sin embargo, era tal el resquemor de los marxistas que rechazaron los mapas realizados por Bunge de Detroit y de Toronto y anota que “quedaron sumidos en el más estricto silencio radical” (p. 31-32).

La primera parte cierra con la narración de cómo Bunge pasó a estudiar una milla cuadrada, es decir, de la ruptura de ideas de la geografía analítica, al estudio centrado en el vecindario y sus problemas. Bunge propuso “investigar a la comunidad negra de Detroit” bajo un método regional (urbano) de larga duración y gran escala de análisis, lo que era inusual. Es aquí donde inventó la expedición geográfica como una práctica que le permitió al geógrafo volverse explorador. Para conocer los espacios urbanos había que mirar con sus ojos “lo que va mal y lo que no funciona”. Para él, “se debe vivir allí, se debe trabajar allí, tener allí la familia, hacer del destino de las familias del barrio el propio” (Gómez, 1988).

En esa época, Bunge reflexionaba acerca del “descrédito en el que habían caído entre los geógrafos los trabajos de campo” (Gómez, 1988). Para él, el geógrafo había olvidado sus capacidades, una de ellas, la “tradición de explorar, la tradición expedicionaria”. De las tierras “desconocidas” e “inexploradas” marcadas en los mapas antiguos, señalaba Bunge, quedaban los paisajes ocultos de la ciudad, aquellos compuestos por “los pobres, los marginados, las enfermedades, las taras y lacras sociales” (Gómez, 1988). Por esto, Bunge pensó en la geografía para ponerla a la “altura de las vidas normales de la gente”. Una nueva óptica ajustaba la mirada de la geografía, el resultado era un libro donde integraba las ideas y los resultados principales’: Fitzgerald. Geography of a Revolution (Bunge, 1971 [2011]).

La segunda parte de la obra se concentra en un grupo de entrevistas. La primera recupera una otorgada por Bunge a Donald G. Janelle en 1976 y dos de Núria Benach a Ronald Horvarth y a Clark Akatiff realizadas, ambas, el 12 de abril de 2013 en Los Ángeles, California, y una que no podía faltar en este proyecto, por Gwendolyn Warren, de casi setenta años, a Cindi Katz el 16 de octubre de 2014 en Nueva York. En conjunto eran las voces de la experiencia que Bunge puso en marcha para conocer otra geografía de los espacios públicos abandonados de Detroit, así como las enfermedades de los niños, como la varicela o el transporte, los horarios y las rutas, todo un mosaico que era desconocido en el mundo académico.

Para leer lo pensado y escrito por Bunge para este proyecto y las expediciones geográficas urbanas, la tercera parte del libro presenta, en el formato de esta colección, una selección de siete trabajos de Bunge, publicados entre 1969 y 1975. Ahí estaban las claves para adentrarse en las particularidades de la experiencia del grupo en Detroit, en Fitzgerald y en las relaciones abiertas entre los profesores y el barrio. Ahí era necesario hablar de la geografía y convencer de su utilidad para los habitantes. Es un grupo de textos que permanecían en inglés y que Núria Benach ha traducido para este libro, con lo que pone en circulación información y resultados largamente olvidados en los papeles y notas de campo editados por Bunge.

Sigue un texto inédito, esta vez de uno de los profesores involucrados con las experiencias en Detroit, Ronald J. Horvarth, quien presentó este trabajo sintético en el seno de la Asociación de Geógrafos Estadounidenses en Los Ángeles, en 2013. Horvarth participó con Bunge en el proyecto y ahí recordaba: “La forma inicial de la acción directa implicaba poco más que excursiones a pie a través del inner Detroit, animadas por las fascinantes historias de Bunge” (p. 210). ¿Qué era lo que contaba Bunge a sus acompañantes? La manera de mirar los paisajes de la supervivencia, el mapa de la mortalidad infantil, el mapa del dolor y el de las sonrisas, los paisajes ilegales y clandestinos, los espacios ocultos de la delincuencia, de la inmigración, el contraste de los espacios privados y los públicos, además de la geografía de los olores, del ruido y de los movimientos de las personas. En resumen, Bunge mostraba a cada paso el perfil o la territorialidad de las calles y las condiciones de vida social de la ciudad.

La impresionante obra, impulso y personalidad de una figura como la de Bunge, ha impresionado ampliamente a Núria Benach, sobre todo porque conectan con una actualidad que ella se interesa por estudiar: el “análisis geográfico de la injusticia” (p. 234). Por eso, para terminar este libro presenta una reflexión acerca de las “ideas más agudas y provocadoras” de este autor. En la quinta y última parte, la geógrafa barcelonesa apunta la visión de Bunge para practicar una “geografía de la supervivencia” compuesta de una “visión integrada (entre temas físicos y humanos, entre métodos matemáticos y etnográficos) y no especializada” (p. 234) regida, necesariamente, bajo un punto de vista político. Bunge trabajaba con preguntas de hondo calado para la práctica y el estudio urbano, ahora vistas como insólitas, como esta: “¿Cuándo vamos a reunir un grupo de geógrafos, un equipo de geógrafos físicos y humanos, para estudiar juntos la ciudad, en el que las características físicas no se hayan borrado casi del todo y hayan sido reemplazadas por espacios políticos y de máquinas como los representados por las rutas de transporte?” (p. 238).

Mucho de lo estudiado por Benach sobre Bunge se sitúa en una actualidad asombrosa que ella constata y señala: “Son muchas las coincidencias con los objetivos, metodología, intenciones e incluso los modos de expresión cartográfica” entre los proyectos actuales y los que impulsó Bunge casi cincuenta años atrás (p. 243). Actualmente, los residentes de Detroit se “resisten a que sus barrios sean descritos como “vacíos” y reivindican sus derechos de uso del espacio como un común urbano que utilizan como depositario de la memoria histórica, como residencia, como lugar significativo de producción de alimentos y de supervivencia a través de huertos comunitarios y, en definitiva, como espacios de resistencia” (p. 241).

Queda claro que Benach desea que se conozca la figura de Bunge, sus ideas y trabajo, y en ese sentido anota: “puede ser muy útil volver la mirada a los mapas producidos hace décadas, sin apenas medios técnicos ni disponibilidad de bases cartográficas, pero que reflexionaron con gran claridad sobre los objetivos de los mapas al servicio de las necesidades comunitarias” (p. 249). Benach es una sembradora de semillas con este libro, ha quedado inquieta, pregunta y reflexiona sobre la figura de Bunge y observa su actualidad en el trabajo de otros geógrafos como Cindi Katz o Don Mitchell en entornos académicos de los Estados Unidos. Y es necesario preguntarse si este libro, llevado a las aulas de los cursos de la geografía universitaria, ¿animaría rutas similares entre los alumno/as, sobre todo, cuando se buscan nuevas formas de pensar y trabajar en Buenos Aires, de São Paulo, Bogotá o la Ciudad de México?

REFERENCIAS

1 

Benach, N. Albet, A. (2013). Espacios críticos: un proyecto intelectual en construcción. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, XVIII(1027). Recuperado de http://www.ub.es/geocrit/b3w-1027.htm

2 

Bunge, W. (1971 [2011]). Fitzgerald. Geography of a Revolution, with a foreword by Nik Heynen and Trevor Barnes (Geographies of Justice and Social Transformation 8). Athens: The University of Georgia Press.

3 

Gómez Mendoza, J. (1988). Las expediciones geográficas radicales a los paisajes ocultos de la América urbana. En Viajeros y paisajes (pp. 151-174.). Madrid: Alianza Editorial.

4 

Popelard, A. y Vannier, P. (2010-2011). Detroit, la ville qui rétrécit. Manière de voir, Le Monde diplomatique, 114, 54-55.

Notes

[1] Esta ciudad ha perdido población y empleos, en una bajada imparable, por ejemplo, en 1950 la ciudad contaba con 1, 849, 568 habitantes, para 1970 había 1, 514, 063 habitantes y para el 2010 registraba 713, 777 habitantes. Entre enero de 2008 y septiembre de 2010, la tasa de desempleo casi se duplicó de 14.6 al 22.6 %. Un informe de estos cambios fue presentado por los geógrafos Allan Popelard y Paul Vannier de la Université Paris VIII (Popelard y Vannier, 2010-2011).

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