Saracho López: Springer, S. (2016). The anarchist roots of geography. Towards spatial emancipation. Minneapolis, Univerity of Minnesota Press, 230 pp. ISBN 978-0-8166-9773-1

¿Cómo definir la pertinencia de un debate al interior de una comunidad epistemológica? Reflexionar en la forma en que, como comunidad, establecemos los límites de nuestro campo de acción, no solo dentro de nuestro espectro de análisis y praxis, sino también entre aquello que amerita ser discutido y lo que no, requiere de una apertura al diálogo, el proceso dialéctico de construcción del conocimiento cuyo resultado, a su vez, nos identifique como comunidad (Bokser, 2013).

Bajo esta tónica, la obra de Springer, The anarchist roots of geography. Toward spatial emancipation, pretende dinamitar, cual Ravachol, los límites conceptuales de la geografía al abrir de golpe, no solo la pertinencia de construir su conocimiento desde la posición ético/política del anarquismo, sino que esta sea herramienta para repensar toda dimensión de lo social para abrirla plenamente a la heterogeneidad propia de las diferentes aristas de la experiencia humana.

Springer no pide que solo pensemos la diferencia, sino que en su reconocimiento como aquello que se presenta periférico dentro de la teoría, por encontrarse subsumido por las estructuras del formalismo disciplinar, hallemos las bases para comenzar una transformación social de largo aliento. Esta forma de conocimiento participante tiene como fin una(s) geografía(s) anarquista(s) que se expresen en forma rizomática (Deleuze y Guattari, 2010), horizontal, no jerárquica y que abreva de miles de fuentes, en tanto que todas se presenten como resistencia al mundo del Capital y del Estado. Esta línea de pensamiento, que él mismo discutió en la UNAM (Barrera de la Torre, 2017), tiene como objeto reposicionar las perspectivas libertarias para subir a la palestra realidades materialmente existentes que están invisibilizadas por las diferentes formas de dominación, en donde la razón instrumental tiene su particular papel (Horkheimer, 2010).

Dicha crítica es llevada hasta sus últimos límites cuando el autor propugna por el abandono de esa razón “fría” y metódica a favor de un razonamiento que incluya la pasión dentro de sus formas para lograr la transformación del mundo existente. Nos indica: “En comprender la conexión emocional y las políticas de afinidad como la base fundamental para que cualquier transformación duradera pueda tener lugar, es en tal intimidad e inmanencia en que las posibilidades de las geografías anarquistas se pueden dedicadar prolíficamente” (p. 58). Ello representa un jaque al pensamiento moderno digno de cierta meditación, pues cabe la duda de cómo podemos aprehender “lo social” si mandamos la experiencia emocional a los márgenes epistemológicos dentro de la constitución de nuestras constelaciones conceptuales.

La idea de regresar a las raíces de la geografía para buscar alternativas emancipatorias es sin duda una idea seductora: pensar que dentro de su genealogía existe la posibilidad del rompimiento que propone Springer. Sin embargo, al respecto hay que realizar dos observaciones críticas de la obra. Una en torno a la genealogía del pensamiento geográfico en sí y la otra que ataja a la tradición anarquista.

En el primer caso, si bien es cierto que en el desarrollo de la geografía disciplinar el papel de los anarquistas Piotr Kropotkin y, sobre todo, de Élisée Reclus, es indiscutible, difícilmente podemos evitar reconocer que sus postulados presentan lógicas instrumentales dentro de sí. La obra cumbre de Reclus, El hombre y la tierra (1909), ciertamente es una crítica directa a la forma en que el capitalismo destruye las relaciones sociedad/naturaleza, particularmente en sus últimos dos volúmenes. Sin embargo, también conceptualiza la historia y el devenir del hombre en una matriz positiva y lineal. La idea de progreso es un demiurgo que habita en el pensamiento de ambos anarquistas, y que no es exclusivo de ellos, sino que está en el habitus de la época en la que vivieron. También puede ser plenamente observado dentro del trabajo de Kropotkin, El apoyo mutuo (1902, 2018), en el que Springer sitúa mucha de su reflexión a lo largo de los capítulos. Es comprensible por qué se recuperan a estos dos autores para demostrar la radicalidad que la geografía puede alcanzar. No obstante, su pensamiento debe ser considerado dentro de los parámetros de su espacio/tiempo para vislumbrar cuáles de sus componentes de hecho pueden ser antitéticos con la propuesta misma de Springer. También hay que convenir que ellos no son en todo caso las únicas raíces de la geografía. De hecho, dentro de su genealogía las ideas de ambos son marginales para la disciplina. El desarrollo del pensamiento geográfico, como parte de la fragmentación del conocimiento de la modernidad (Wallerstein, 2007) se nutre de varias fuentes previas y contemporáneas a ellos que se encuentran plenamente alineadas a un positivismo capitalista: Ritter, De la Blache o Ratzel son una ausencia intencional dentro de la obra. El no problematizar el contraste dentro de las raíces deja un vacío dentro de la reflexión, que quizá sea una tarea que el debate deberá emprender a futuro. En otra tónica, cabe destacar que la recuperación de las expresiones emanadas de la segunda mitad del siglo XX que realiza en su obra es sumamente ilustrativo y desarrolla un horizonte muy claro para su argumento.

Por otro lado, la tradición anarquista ha presentado, desde la Primera Internacional, una batalla contra el marxismo dentro de las trincheras de la izquierda revolucionaria. El texto de Springer no es diferente. Sospecha del marxismo por la centralidad que otorga al capitalismo para sus análisis. A lo largo del texto hay una separación constante y repetitiva, con especial énfasis a la geografía marxista de David Harvey, con quien en los últimos años se ha mantenido en continua discusión (Harvey, 2017). Si bien asevera que los trabajos de Marx y sus seguidores pueden darnos luz hacia nuestro pasado y al porqué del momento en que vivimos, también afirma que poco pueden decirnos hacia el futuro (p. 93). Para él, es el anarquismo, al estar construido en la transformación radical del “ahora”, aquel que puede ofrecer una opción legítimamente revolucionaria. A esto es necesario que reconozcamos juntos: el debate anarquismo/marxismo no ha terminado por la pura voluntad política de los elementos que lo mantienen vivo. Ahí donde la revolución no sucede y diferentes personas se reúnan a gritar cuál debe ser la encarnación correcta de esta, es un quehacer infructuoso. De ello deviene una debilidad en la obra de Springer: así como no hay una expresión del anarquismo, sosteniendo un anarquismo integral como la suma de negaciones a toda forma de opresión, tampoco hay una expresión del marxismo. Springer totaliza las manifestaciones del materialismo dialéctico, y en el proceso las enajena. No deja lugar para su riqueza y diversidad, como la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, o las diferentes formas que trastocaban la New Left, o para las variadas teorías latinoamericanas. Tampoco hay lugar para Lefebvre como marxista, a pesar de la recuperación continua que hace el autor en el texto, particularmente dentro de la propuesta de un espacio emancipatorio (p. 108). Quizá, como señala Freud, odiamos lo que nos parece demasiado familiar.

A pesar de lo anterior, no es posible negar la originalidad de la obra de Springer. Esta diseñada para generar debate y para ser leída apasionadamente. No permite ambigüedad y en cambio exige un posicionamiento firme del lector. Su objetivo principal no está en otorgar conocimiento, sino obligar la discusión para producirlo. Eso tiene un valor intrínseco. Quizá la aportación que más resalta en el libro es la manera en que busca llenar de significación al sujeto para hacerlo maestro de su propio destino. El momento del ahora está lleno de posibilidad porque cada individuo es una expresión de belleza intrínseca, irreductible, en ese fenómeno único que somos nosotros. El cambio que pide Springer se centra en el reconocimiento de esa realidad. Considero esta una discusión pertinente. La geografía anarquista, su debate y construcción es solo una vía, en tanto que la libertad total es el fin último.

REFERENCIAS

1 

Barrera de la Torre, G. (2017). Conferencia: Las raíces anarquistas de la Geografía. Profesor Simon Springer (Department of Geography, University of Victoria), Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad Universitaria, Cd. Mx., 2 de mayo 2017. Investigaciones Geográficas, 93, 36-39.

2 

Bokser, J. (2013). De desafíos, saberes y convergencias. Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, 58(217), 9-28.

3 

Deleuze, G. y Guattari, F. (2010). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-textos.

4 

Harvey, D. (2017). ‘Listen anarchist!’: A personal response to Simon Springer’s ‘Why a radical geography must be anarchist.’ Dialogues in Human Geography, 7(3), 233-250.

5 

Horkeimer, M. (2010). Critica a la razón instrumental. Madird: Trotta.

6 

Kropotkin, P. (2018). El apoyo mutuo. Un factor de evolución. Logroño: Pepitas de calabaza.

7 

Reclus, É. (1909). El hombre y la tierra. Barcelona: Escuela Moderna.

8 

Wallerstein, I. (2007). Abrir las ciencias sociales: Informe de la Comisión Gulbenkian. México: Siglo XXI Editores.

Herramientas del artículo

Envíe este artículo por correo electrónico (Inicie sesión)
Enviar un correo electrónico al autor/a (Inicie sesión)

Estadísticas del artículo

vistas descargas
anual histórico
vistas 454 466
descargas 180 199