Editorial

La formación de una biblioteca, profesional y personal, en el mundo universitario es una aventura que se prolonga a lo largo de la vida académica y refleja las ideas y giros de quien busca en los libros un camino lleno de experiencias y posibilidades. Es un espacio íntimo y cerrado a la mirada pública, pocas veces abierta al escrutinio. Se inicia de forma tímida e incierta, cuando comienzan las primeras búsquedas en las librerías de la ciudad, en los viajes o a través de los amigos, tal vez, un libro encontrado incide en la investigación para precisar conceptos o para idear un nuevo camino insospechado poco antes. La donación de la parte principal de la biblioteca privada de Atlántida Coll a la Universidad Nacional Autónoma de México, en octubre de 2018, es motivo de atención en este editorial de Investigaciones Geográficas, revista del Instituto de Geografía de la UNAM.

Atlántida estuvo inmersa, desde sus primeros años, en el mundo libresco que formó su madre, la historiadora y geógrafa Josefina Oliva Teixell (1912-2007). Ahí estuvo en contacto con varios cientos de libros sobre arte, historia (universal y de México) y geografía (por ejemplo, la mítica Sección VII de Geografía de la Editorial Labor de Barcelona), además de una variedad de libros de las letras catalanas (poesía, ensayo, política, historia y geografía). A la casa de sus padres acudían intelectuales y artístas de los años cuarenta y cincuenta como Enrique Climent (1897-1980), Juan Gil-Albert (1904-1994), Ramón Galla (1910-2005), Antonio Rodríguez Luna (1910-1985), Alberto Escalona Ramos (1908-1960) o Arnaldo Orfila Reynal (1897-1997) y Laurette Séjourné (1911-2003), que eran como mundos abiertos, polifónicos. Todos estos vínculos despertaban en ella una curiosidad e imaginación, alentaban una pasión por los libros1 y creaba hábitos mentales en su personalidad.2

Junto con los cuadros, los libreros comparten los muros de la casa de San Ángel Inn, ahí se ordenan los libros, se saludan y conversan unos con otros. Al entrar, en el pasillo principal, a mano izquierda se encuentran los libros de arte, de arquitectura, de música, de fotografía, de historia, de literatura, de antropología, de gastronomía, de ensayo y la actualidad del mundo contemporáneo, además de los atlas, en varios tamaños que son complicados de acomodar; este orden indica que el conocimiento del mundo pasa por la cultura escrita en una variedad de formatos y papeles, de temporalidades y regiones geográficas. Ahí se elige un libro o varios y se pasa directo a la sala, a la lectura. La biblioteca de Atlántida refleja una identidad que ha cambiado con el paso del tiempo, se ha adaptado a nuevos intereses y preferencias tanto de ella como de su esposo, el médico urólogo Luis Hurtado.

El núcleo del acervo se encuentra en la parte superior de la casa, donde está su estudio y área de trabajo. Ahí están los libros de geografía (junto con los de literatura, poesía y política), un espacio para las ideas y el diálogo con los autores. Al azar, en uno de los libros, en edición minúscula, se puede leer: “El paisaje es un lenguaje, y el lenguaje es un paisaje” (Unamuno, 1950, p. 42). Y en otro, un autor olvidado examina mapas antiguos y concluye: “Resultado inevitable es que la Tierra del Este con Cattigara de Ptolomeo, no puede ser otra cosa que las costas del Pacífico de América” (Ibarra, 1970, pp. 59-60). Todo eso era estimulante para imaginar la variedad de la geografía en una época clave de su vida, luego de la experiencia del estudio geográfico de los Altos de Chiapas (1965) y el ingreso a la Universidad Nacional como miembro del personal académico del Instituto de Geografía (1967).

Un libro cambió para siempre su visión en el mundo académico, era la geografía económica de Pierre George (1909-2006), que comenzó a circular en francés (1956) y poco después la edición barcelonesa de la Editorial Ariel (Figura 1). Este libro, con un claro perfil marxista, era diametralmente opuesto al libro de geografía económica de los profesores Clarence Fielden Jones (1893-1991) y Gordon Gerald Darkenwald (1906-1961), que había tenido éxito en los ambientes universitarios de los Estados Unidos (1941) y que, para México, circulaba en la traducción al español del Fondo de Cultura Económica (1944). Varias generaciones de geógrafos aprendieron en este libro una evaluación de la caza y pesca, los bosques, las industrias, la agricultura, la minería, el transporte y el comercio.

Figura 1

Portada del libro que representó el giro en las ideas y formas de pensar la geografía económica para Atlántida Coll, bajo un enfoque marxista, en la mítica colección ELCANO que dirigió desde Barcelona, Joan Vilà Valentí (1925) para el mundo iberoamericano.

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En la obra del profesor de la Sorbona la geografía económica era examinada como una disciplina que consideraba “las formas de producción y de la localización del consumo de los diversos productos, en el conjunto del mundo” (George, 1981, p. 11). Señalaba el corto periodo previo, de 150 años del capitalismo, como origen de las “disparidades del mundo actual, la distribución de los puntos de producción de materias primas, los flujos de circulación de estas materias primas, la distribución de los grandes centros de industrias de transformación y de consumo de productos acabados, y, por encima de todo esto, la sede de los centros de dirección y decisión” (George, 1981, p. 41). La visión de George criticaba el nuevo orden bipolar del mundo, terminada la Segunda Guerra Mundial. La novedad de su libro situaba, primero, la producción industrial, con apartados sobre su clasificación, así como las nuevas relaciones económicas y sociales entre las ciudades y el campo. A esta parte se sumaba el estudio de la energía y la comercialización de materias primas. En medio la agricultura y la producción de artículos alimenticios. Lo central se dedicaba a los cereales, como el trigo, el maíz y el arroz; luego la producción de bebidas, legumbres y frutas, para terminar con la ganadería y la pesca. El libro terminaba con una sección de comercio y circulación, donde se analizaban el transporte ferroviario, el fluvial y la circulación por carretera, además de los transportes marítimos y aéreos (Coll, 2009).

La biblioteca de Atlántida registra los giros de su pensamiento, a la nueva geografía económica se sumaban las obras de geografía humana, la geografía regional y la geografía histórica, así como la historia de los mapas, la cartografía y los atlas temáticos, también la geografía urbana, las guías y las obras sobre exploraciones del mundo y la historia de la geografía; no faltaron las obras clásicas de la geografía de México, como las de Jorge A. Vivó y Jorge L. Tamayo, y también del mercado francés, como las obras de Yves Lacoste (1929), Paul Claval (1932), Pierre Gourou (1900-1999) o George Duby (1919-1996). Ahí están casi todos los libros de Pierre George, con dedicatorias para ella y su esposo. Atlántida conoció a George en la Ciudad de México, después se encontraron en París y lo invitó en cuatro ocasiones a dar cursos de actualización en las nuevas instalaciones entregadas para la investigación del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1978 (sobre temas de medio ambiente, población y economía), en 1980 (energía y población), en 1982 (geografía y crisis del mundo occidental: Europa) y en 1984 (migraciones). La presencia del profesor George coincidió con los nuevos tiempos de renovación de la geografía mexicana, de inquietudes y búsquedas en esos años, también con la llegada de otros profesores de Europa, América Latina y Estados Unidos.

La integración de tal acervo, seleccionado y adquirido por ella a lo largo de muchos años, ha servido no solamente para la construcción de líneas de investigación en el Departamento de Geografía Económica del Instituto de Geografía, como la geografía económica de México (agricultura, industria y minería), desde 1971; la geografía histórica, desde 1988 y la geografía de los servicios, desde 2005; además, para la preparación de numerosos cursos semestrales, principalmente, en la Facultad de Filosofía y Letras y en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y de Arquitectura de la UNAM, así como la asesoría de más de dos docenas de tesis de licenciatura y de posgrado dentro de los programas de la UNAM. Cabe señalar que la biblioteca de Atlántida dio respaldo a proyectos institucionales, como la realización del Atlas Nacional de México (1990-1992) y el Nuevo Atlas Nacional de México (2007), donde propuso la aplicación de un nuevo lenguaje para la geografía y dio vida a numerosos mapas de la geografía económica, la geografía histórica y la geografía política.

Al final, los libros son como los compañeros del viaje de la vida, que trasladan al lector de unos mundos a otros más lejanos, extraños o fascinantes. Por una temporada pertenecen al primer dueño, quien los ha buscado y transportado, a veces desde tierras lejanas, los ha presentado a nuevos lectores, en este caso, universitarios que acuden con Atlántida a su despacho, y otras veces a su casa, para vislumbrar respuestas, cierta orientación temática o una argumentación convincente que permita consolidar ideas, hipótesis o tesis, también para justificar nuevas líneas de investigación y su posibilidad de realización, para vincular la experiencia del trabajo de campo, las series estadísticas y los mapas temáticos con las corrientes intelectuales de la geografía contemporánea. La biblioteca de Atlántida es el resultado del encuentro entre los libros y ella como lectora, y le ha servido para transmitir el entusiasmo por la geografía a una comunidad de lectores, entre sus alumnos y tesistas, colegas y amigos, que comparten el gusto por la cultura impresa. Con la llegada de los libros de Atlántida a la UNAM se abren nuevas rutas a las miradas; con esto se asegura su conservación y vida orgánica para las futuras generaciones. Este acto generoso impulsa la lectura de un ámbito privado a otro público. Esta biblioteca ha preparado varios caminos para Atlántida a lo largo del tiempo, le ha cambiado la vida y, lo más notable, la ha trasladado con seguridad a nuevos puertos donde comenzar de nuevo, a buscar y a preguntar.

REFERENCIAS

1 

Coll, A. (2009). La innovación conceptual de la geografía económica. En A. Coll (Coord.). Pierre George, una vida entre valles y colinas. Colección: Geografía para el siglo XXI. Serie: Textos Universitarios, 4 (pp. 99-110). México: Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México.

2 

George, P. (1981). Geografía económica. Barcelona: Editorial Ariel.

3 

Ibarra Grasso, D. I. (1970). La representación de América en mapas romanos de tiempo de Cristo. Buenos Aires: Ediciones Ibarra Grasso.

4 

Unamuno, M. de (1950). Madrid. Madrid: Afrodisio Aguado.

Notes

[1] Desde joven Atlántida buscaba en las librerías de Barcelona, ahí encontró los libros de Pierre George; en la Ciudad de México acudía a El Sótano de Av. Juárez 64 y a la Casa del Libro en Avenida de la Universidad y Coyoacán donde había una sección de libros de importación; a la “Octavio Paz” del Fondo de Cultura Económica y a la “Mauricio Achar” de Gandhi en Miguel Ángel de Quevedo 115 y 121.

[2] En esa ruta de formación, Atlántida conoció el trabajo de campo de la mano de Séjourné; en 1956, participaba con la arqueóloga italiana en las excavaciones de Teotihuacán, la identificación de materiales y, en general, en la obtención de información y en la comprensión del mundo político y cultural mesoamericano.

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