Burgos Choez, Cartaya Ríos, and Mero del Valle: Análisis de la vulnerabilidad a inundaciones de la parroquia Santa Ana de Vuelta Larga, provincia de Manabí, Ecuador


INTRODUCCIÓN

Las inundaciones fluviales son fenómenos hidrológicos que se producen periódicamente y que han sido la causa de la formación de valles fluviales, llanuras aluviales, planicies de inundación y vegas de los ríos, es decir, forman parte de la geodinámica natural del planeta. Sin embargo, pueden transformarse en amenaza1 cuando el hombre ocupa zonas susceptibles2 de ser inundadas, lo cual genera impactos socieconómicos (Garnica y Alcántara, 2004; Morales et al., 2005; Díez-Herrero et al., 2008; Llorente-Isidro et al., 2009; Monteiro et al., 2017; Zúñiga Igarza, 2018). En este sentido, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred, 2009) y García (2010) coinciden en que, durante el periodo 1919-2005, las lluvias e inundaciones fueron los eventos naturales que se generaron e incrementaron mayor número de veces en comparación con incendios forestales, deslizamientos, ciclones y sequías, entre otros.

El fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es uno de los principales desencadenantes de precipitaciones intensas en algunos países del borde del Pacífico, tales como Ecuador y Perú (Trenberth, 2011; FAO, 2015; Mayorga, 2016; Serrano et al., 2016). No obstante, el incremento e intensidad en la frecuencia de lluvias también es asociado al cambio climático (ISDR, 2008; FAO, 2008), el cual está fuertemente vinculado al aumento de actividades humanas que implican cambios en el medio ambiente (IPCC, 2007; Rojas y López, 2017; Zúñiga y Magaña, 2017). De acuerdo con Garnica y Alcántara (2004), Guarin et al. (2005), Ferrari (2012), Mendoza y Orozco (2014), y Paoli (2015), estas modificaciones ambientales se deben, principalmente, a la invasión y ocupación del terreno en valles fluviales y llanuras aluviales, en zonas de regulación hidráulica natural, así como al cambio de uso de suelos, construcción de infraestructuras deficientes, aumento de la sedimentación en los canales fluviales, deforestación de la cuenca alta, además de la topografía y características físicas de los ríos, lo cual aumenta la vulnerabilidad3 de la población a las inundaciones (Guamushig, 2018).

En Ecuador, el riesgo4 a las inundaciones está ligado a varias causas favorecidas por las condiciones naturales y la forma de ocupación del territorio (Jiménez et al., 2012; Toulkeridis, 2015; Aguilar y Echeverría, 2018). En este contexto, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) dio a conocer que, entre 1960 y 2006, el país ha registrado un incremento tanto en la temperatura promedio anual como en la intensidad y frecuencia de eventos extremos (sequías e inundaciones) (MAE, 2011). Incluso la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR, 2016), en su base de datos, indica que desde 2010 hasta 2016 se han registrado 2 002 inundaciones en todo el territorio ecuatoriano, que dejaron como saldo 22 decesos, 7 239 damnificados, 756 viviendas destruidas y 11 333.77 hectáreas de cultivos perdidas; además, resultaron afectados 191 205 personas, 28 035 viviendas, 329 centros educativos y 14 678.79 hectáreas de cultivos.

Cabe destacar que, según Jiménez et al. (2012) y el MAE (2015), la región litoral de Ecuador registró un ascenso de 3.3 ºC en la temperatura media e incremento de precipitaciones en 33% durante el periodo 1960-2006, esto aunado a sus extensas zonas de pendiente baja (Solano y Vintimilla, 2013; Aguilar y Echeverría, 2018), convirtiéndola en una zona expuesta a inundaciones periódicas y a las generadas por el fenómeno El Niño.

La provincia costera de Manabí también ha sido afectada por inundaciones. Destaca el evento de abril de 2002 que registró la muerte de 26 personas, 10 713 viviendas afectadas y 26 destruidas totalmente (Comunidad Andina, 2008). Santa Ana, cantón ubicado en la mencionada provincia, se localiza en la cuenca baja del río Portoviejo. Esta localidad ha experimentado eventos de inundación más recientes, como el asociado a las lluvias de marzo de 2012, que provocó una lámina de agua de al menos 1 m de altura en la zona central; el de abril de 2016, cuando la cota del embalse Poza Honda superó los 107.17 msnm y afectó al menos 40 comunidades por la inundación de casas y sembradíos de maíz, maní, naranja, entre otros, y el de abril de 2017, que afectó a más de 4 000 personas (SNGR, 2017).

La dinámica hidráulica en la cuenca del río Portoviejo ha sido marcada por la acción del fenómeno climático El Niño, así lo sugieren los estudios realizados por Thielen et al. (2015, 2016), quienes analizaron la dinámica de eventos climáticos extremos sobre la base de la serie de tiempo 1971-2011 de datos pluviométricos, pertenecientes a 30 estaciones meteorológicas, determinando que 21.8% de su superficie está ligada a inundaciones y registra una precipitación media anual de 1 043 mm, donde 77.3% de las precipitaciones se presentan en la época lluviosa, la cual comprende de enero a abril. También realizaron un análisis temporal de las anomalías mensuales de precipitación de 1990-2011 en las que, por causa de El Niño 97-98, se registraron 18 meses consecutivos de precipitaciones superiores a la media histórica.

Por lo anterior se determinó evaluar la vulnerabilidad global5 a inundaciones de la población ubicada en la parroquia Santa Ana de Vuelta Larga, en sus componentes físico, social, ecológico y económico, con el apoyo de SIG para el análisis espacial, así como la observación directa y las encuestas personales y descriptivas, con la finalidad de proporcionar información para que este tema sea considerado en los planes de ordenamiento territorial municipales y así contribuir a mitigar el riesgo y disminuir la vulnerabilidad.

ÁREA DE ESTUDIO

La parroquia Santa Ana de Vuelta Larga (Figura 1) se localiza geoastronómicamente entre las coordenadas geográficas 1º 09’ 03.55’’ a 1º 18’ 55.84’’ de latitud sur y entre 80º 13’ 15.83’’ a 80º 32’ 30.53’’ de longitud oeste. Está situada en el centro este del cantón Santa Ana, provincia de Manabí. Posee una población de 22 298 habitantes (INEC, 2010), un área de aproximadamente 315.32 km2 con altitudes que van desde los 49 hasta los 500 metros sobre el nivel del mar, precipitaciones anuales de 500 a 1 200 mm y una temperatura promedio de 26 ºC (Gobierno Autónomo Descentralizado de Santa Ana, 2015).

Figura 1

Parroquia Santa Ana de Vuelta Larga, Manabí, Ecuador.

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Fuente: Elaboración propia con base en Instituto Geográfico Militar (IGM, 2016)

La cuenca del río Portoviejo que nace en el sector montañoso de la parroquia Honorato Vásquez, también perteneciente al cantón Santa Ana, es un importante sistema hidrológico de la vertiente del Pacífico de Ecuador y una fuente de abastecimiento para gran parte de la población asentada en ella y aledañas (Thielen et al., 2016).

METODOLOGÍA

Existen distintas metodologías para la evaluación de la vulnerabilidad (Noriega et al., 2011; Zúñiga y Magaña 2017), por lo que el presente estudio se basó en los lineamientos metodológicos planteados por Cáceres (2001), Álvarez (2012) y Pedroso et al. (2014). La vulnerabilidad global fue calculada a partir de la fórmula modificada de Noriega et al. (2011) para cuatro aspectos que abarcan 14 variables:

Vulnerabilidad global=a*0.25+b*0.25+c*0.25+d*0.25

Donde:

a

= aspecto físico

b

= aspecto social

c

= aspecto ecológico

d

= aspecto económico

La obtención de los datos se realizó mediante observación directa, análisis cartográfico con el uso de la herramienta SIG y encuestas realizadas a una muestra de 378 personas, de acuerdo con la fórmula de muestreo aleatorio estratificado de Martínez (2012). Obtenido el valor de la vulnerabilidad global se procedió a caracterizarla sobre la base de la estandarización propuesta por Cáceres (2001) (Tabla 1).

Tabla 1

Estandarización de la vulnerabilidad.

Porcentaje (%) Caracterización
00 - 19.99 Muy baja
20 - 39.99 Baja
40 - 59.99 Media
60 - 79.99 Alta
80 - 100 Muy alta

[i] Fuente: Elaboración propia con base en Cáceres (2001).

El aspecto físico se midió en función de tres variables (Tabla 2): la primera y la segunda demandaron la creación de una cartografía en que los asentamientos humanos fueron sectorizados por poblados, barrios o ciudadelas; se utilizó la observación directa para identificar el material de construcción y el estado de conservación de la infraestructura en cada sector. La tercera variable requirió estratificar el área de estudio en cuatro rangos de cercanía al río: menos de 200 metros, entre 200 m y 400 m, de 400 m a 600 m y superiores a 600 m. Estos rangos fueron considerados teniendo en cuenta la máxima distancia perpendicular al río que ocupa el centro poblado más importante del sector y subdividiéndolos en rangos de 200 m paralelos al río, en función de la concentración de la infraestructura. Hay que resaltar que los centros poblados se localizan en la planicie aluvial del río Portoviejo y el terreno posee una pendiente media por debajo de 2.5º, aspecto que favorece la amenaza por inundación. En este sentido, se considera que en la primera franja (< 200 m) la infraestructura está eminentemente más expuesta por estar adosada al río. En la segunda franja (200 m a 400 m), la exposición6 es alta, más aún si los materiales de construcción son principalmente de caña y su conservación no está en óptimas condiciones. En la tercera franja (400 m a 600 m) la exposición es media si la conservación de la infraestructura de madera es regular; la última franja está a más de 600 metros, y la exposición es baja si la construcción es de hormigón y está en buen estado.

Tabla 2

Variables e indicadores considerados en el aspecto físico.

Variables Valor por indicador
1 2 3 4
1. Material de construcción Hormigón Madera Caña -
2. Conservación de infraestructura Buena Regular Mala -
3. Cercanía al río (metros) > 600 400 > 600 200 > 400 < 200

[i] Fuente: Elaboración propia con base en Noriega, Gutiérrez y Rodríguez (2011) y Álvarez (2012).

De las cuatro variables consideradas en el aspecto social (Tabla 3), para la primera fue necesaria la creación de un mapa de áreas susceptibles a inundaciones y la cuantificación del número de casas ubicadas dentro del área con mayor susceptibilidad, en donde el valor obtenido se multiplicó por el promedio de personas que habitan en una vivienda; en este caso fueron 4 personas/vivienda (INEC, 2010), posteriormente se dividió por el número de habitantes de la parroquia. Para la segunda y tercera variable se aplicó una encuesta enfocada especialmente en determinar el nivel de conocimiento de la población acerca del riesgo, las acciones y la ayuda brindada por el gobierno local (antes, durante y después de un evento de inundación), y la existencia de albergues, entre otros. En la cuarta variable se utilizó el mecanismo de observación directa.

Tabla 3

Variables e indicadores considerados en el aspecto social.

Variables Indicadores
1 2 3
1. Afectación a la población < 0.25 0.25 - 0.50 > 0.50
2. Percepción del peligro en la población Alta Media Baja
3. Preparación de población y decisores Alta Media Baja
4. Presencia de barrios insalubres y desechos sólidos Baja Media Alta

[i] Fuente: Elaboración propia con base en Pedroso Herrera, Fundora, Núñez, Guerra y Olivera (2014)

La evaluación del aspecto ecológico (Tabla 4) se realizó mediante el análisis cartográfico de dos variables: en la primera se procedió a hacer una sobreposición de cartografías de reducción, fragmentación y sensibilidad de los ecosistemas presentes dentro de la parroquia. En la segunda el territorio se clasificó de acuerdo con los tipos de cobertura vegetal existente.

Tabla 4

Variables e indicadores considerados en el aspecto ecológico.

Variables Indicadores
1 2 3
1. Fragilidad de ecosistemas Poca Media Alta
2. Cobertura vegetal Bosques Plantaciones Sin cobertura

[i] Fuente: Elaboración propia con base en Cáceres (2001) y Pedroso Herrera et al. (2014)

Para la definición del aspecto económico se analizaron tres variables (Tabla 5). La primera y la segunda fueron evaluadas mediante encuestas para cuantificar las pérdidas económicas de los habitantes y sus comercios ubicados en la parroquia, así como el tiempo de recuperación. No obstante, en la tercera variable se empleó cartografía referente al uso del suelo y cobertura vegetal, donde las zonas como pastizales, mosaicos agropecuarios y cultivos anuales (semipermanentes y permanentes con plantaciones) fueron clasificadas de acuerdo con los rangos de cercanía al río establecidos en el aspecto físico.

Tabla 5

Variables e indicadores considerados en el aspecto económico.

Variables Indicadores
1 2 3 4
1. Afectación de comercios Poca Media Alta -
2. Nivel de pérdida < $500 $500 - $1 500 > $1 500 -
3. Cercanía de parcelas al río > 600 400 > 600 200 > 400 < 200

[i] Fuente: Elaboración propia con base en Pedroso Herrera et al. (2014)

Todos los indicadores estuvieron ligados a un determinado valor, cuyo impacto (mayor o menor) dependió exclusivamente del nivel de vulnerabilidad que promoviera, mismo que fue registrado en la tabla de atributos de la cartografía manejada por su respectiva variable. A partir de esta información se obtuvo la cartografía de vulnerabilidad asociada a cada aspecto estudiado.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

La parroquia Santa Ana de Vuelta Larga presentó una vulnerabilidad global de 55%, la cual es categorizada como “media” de acuerdo con Cáceres (2001). Está representada por localidades donde hay mayor cantidad de adultos que niños, niveles intermedios de educación, viviendas construidas con materiales poco resistentes a fenómenos naturales y cobertura de servicios básicos en gran parte del territorio (Garnica y Alcántara, 2004).

Aspecto físico

Con un resultado de 54%, en este aspecto destacan los poblados El Níspero, El Mate, Chamucame de Afuera y los barrios Divino Niño, El Paraíso y La Mocorita, por albergar infraestructuras que no cumplen con los estándares de calidad. Dentro de la parroquia, 86.07% de casas están construidas de hormigón; 1.79%, de madera, y 12.14%, de caña guadua. De acuerdo con García Flor (2018), la madera y la caña guadua usadas en la construcción de casas incrementa la vulnerabilidad ante una inundación debido a su bajo nivel de resistencia en comparación con las viviendas construidas con hormigón. En cuanto a su conservación, a pesar del tipo de material de construcción, 52.86% se encuentran en buen estado; 42.85%, en estado medio, y 4.29%, en mal estado; este último indicador es uno de los elementos comunes en Colombia, Perú, Cuba y El Salvador, entre otros países, que afecta el desarrollo urbano y promueve la vulnerabilidad ante inundaciones según Zúñiga Igarza (2018).

Se identificó la existencia de aproximadamente 17 poblados ubicados a menos de 200 m de distancia al río, lo cual materializa la vulnerabilidad, en su aspecto físico, por localizarse en la zona de desborde (Fernández et al., 2011; Farías et al., 2017) (Figura 2). De acuerdo con Alves (2006, 2007), la invasión de estas áreas puede ligarse a la desigualdad ambiental, que es el diferente grado de exposición de grupos sociales a situaciones de riesgo, ya que las zonas propensas a riesgos son las más accesibles para personas de bajos recursos económicos (Tockner et al., 2008; Chaves et al., 2017); sin embargo, Matías et al. (2007) y Farías et al. (2017) consideran que el asentamiento humano en planicies aluviales puede deberse a su potencial económico, es decir, a la alta fertilidad de suelos y la mayor disposición de agua superficial y subterránea (Gorayeb et al., 2005).

Figura 2

Vulnerabilidad, en su aspecto físico, de la parroquia Santa Ana de Vuelta Larga, Manabí, Ecuador.

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Fuente: Elaboración propia con base en Noriega, Gutiérrez y Rodríguez (2011) y Álvarez (2012).

Aspecto social

Las variables del aspecto social resultaron con el mayor porcentaje de incidencia en la vulnerabilidad del área estudiada (74%) (Figura 3). Existe 30.83% de población asentada en áreas con mayor susceptibilidad a inundaciones, lo cual representa aproximadamente 1 673 viviendas pertenecientes a los poblados Lodana, Bonce, Caña Brava, El Níspero, Beldaco, Galilea, Peminche y La Primavera, que pueden ser afectadas por precipitaciones extremas o el desbordamiento del río (Montecelos et al., 2011).

Figura 3

Vulnerabilidad, en su aspecto social, de la parroquia Santa Ana de Vuelta Larga, Manabí, Ecuador.

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Fuente: Elaboración propia con base en Pedroso Herrera, Fundora, Núñez, Guerra y Olivera (2014).

A pesar de que las inundaciones son un fenómeno constante en este sector, 94.19% de la muestra alegó nunca haber recibido capacitaciones por parte de instituciones acerca de la gestión de riesgo que, en conjunto con los estudios de García Flor (2018) y Guamushig (2018), evidencian la falta de preparación de gran parte de habitantes de diversas ciudades ecuatorianas, pues 25% indicaron haber sufrido daños materiales en anteriores eventos de inundación. Además, 91.07% manifestó la aparición de plagas como moscas, mosquitos, cucarachas y culebras después de ocurridas las inundaciones. Por otra parte, 68.21% declaró tener fallas en los servicios públicos durante épocas lluviosas y 21.72% no cuenta con estos servicios. De acuerdo con Alves (2007) y Cavalcante e Ibrahim (2014), la restricción de los servicios públicos está relacionada a la desigualdad ambiental y social; incluso según la densidad del poblado y la lejanía a la cabecera municipal, será la atención que puedan recibir (Garnica y Alcántara, 2004). Por otro lado, 50% de los habitantes posee un botiquín de primeros auxilios y conoce un lugar donde refugiarse en caso de la ocurrencia de un evento extremo.

De la muestra, 64% afirmó estar de acuerdo con el sistema de recolección de basura y limpieza de calles, 21.78% emplea vertederos clandestinos cercanos a sus hogares (que, por lo general, suele ser el río). Gran parte de la población es consciente de la influencia de la inadecuada disposición final de residuos sólidos en las inundaciones (Cavalcante e Ibrahim, 2014); sin embargo, el encargar a las autoridades las acciones correspondientes para dar solución a la problemática, evidencia el bajo nivel de consciencia ambiental que posee (Souza y Zanella, 2009). Cabe destacar que el aspecto social es fundamental en la evaluación de escenarios de riesgo (Rubio, 2012), en el que la organización de los moradores y autoridades puede influir positivamente en la vulnerabilidad (Wilches-Chaux, 1993; Perles, 2010; Sánchez y Gándara, 2011).

Aspecto ecológico

Con un resultado de 52%, los ecosistemas de la parroquia Santa Ana de Vuelta Larga poseen una vulnerabilidad alta, en términos ecológicos, en 6.12 km2, mediana en 90.32 km2 y baja en 218.88 km2 (Figura 4). De acuerdo con la base cartográfica del Sistema Único de Información Ambiental (SUIA, 2016), la sobreposición de capas determinó que la fragilidad está ligada a la muy alta fragmentación del bosque estacional piemontano por causa de la deforestación (de 1.39 km2 en 1900 a 4.80 km2 en 2014). Asimismo, se identificaron tres tipos de cobertura vegetal: bosques, plantaciones o tierras agropecuarias y áreas sin cobertura vegetal.

Figura 4

Vulnerabilidad, en su aspecto ecológico, de la parroquia Santa Ana de Vuelta Larga, Manabí, Ecuador.

2448-7279-igeo-98-3-gf4.png

Fuente: Elaboración propia con base en Cáceres (2001) y Pedroso Herrera et al. (2014).

La primera categoría abarca 61.44 km2 de bosques nativos, plantaciones forestales (masa arbórea) y vegetación arbustiva de especies leñosas que, de acuerdo con Wilm (1957), Wahlström (2015) y Schmidt (2015), pueden tener un efecto positivo en la reducción de inundaciones, principalmente las desencadenadas por precipitaciones moderadas (Bathurst et al., 2010), ya que en eventos extremos de precipitaciones el efecto sería menos significativo (Preti et al., 2011); sin embargo, debido a la fragilidad de las masas arbóreas de la parroquia, este beneficio es muy limitado.

La segunda categoría está conformada por pastizales, mosaico agropecuario (mezcla de especies cultivadas) y cultivos permanentes, semipermanentes y anuales (252.20 km2), los cuales abastecen con mayor cantidad de escorrentías y generan una mayor probabilidad de inundar la cuenca baja debido a la alteración de la cobertura vegetal natural y de las propiedades hidrofísicas del suelo (Ponvert-Delisle et al., 2007; González et al., 2016).

La tercera categoría se conforma por áreas sin cobertura vegetal (1.68 km2). Estos sectores desprovistos de vegetación influyen en las inundaciones debido a que el sellado de suelos favorece su impermeabilidad (Romero et al., 2017) y la escorrentía (Radulovich, 1997; Sedano-Cruz et al., 2013; Cárdenas, 2015).

Aspecto económico

Este aspecto, con un resultado de 38%, es el menos vulnerable en comparación con los otros, no obstante, tiene importancia debido a las pérdidas económicas y afectación de actividades que pueden generar las inundaciones (Cárdenas, 2015). De la muestra encuestada, 31.43%, manifestó sufrir estragos en su economía y quedarse sin trabajo durante y después de una inundación. Otros poblados como La Mocorita y Sasay, al igual que la cabecera cantonal (Figura 5), por ser zonas cercanas al río son más vulnerables económicamente (Vergara et al., 2011; Reyes y Fernández, 2015). Mientras que algunos moradores estiman tener pérdidas económicas que no sobrepasan los US$ 500, adicionalmente hay 10%, representado por pequeños comercios, que calcula tener pérdidas superiores a los US$ 1 500, con un tiempo de recuperación de meses a años.

Figura 5

Vulnerabilidad, en su aspecto económico, de la parroquia Santa Ana de Vuelta Larga, Manabí, Ecuador.

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Fuente: Elaboración propia con base en Pedroso Herrera et al. (2014).

CONCLUSIONES

Las inundaciones son la principal amenaza que afecta la parroquia Santa Ana de Vuelta Larga. Las diversas condiciones biofísicas y socioeconómicas hacen que tenga una vulnerabilidad global de 54% a las inundaciones a causa de:

  1. Su ubicación geográfica en el litoral ecuatoriano donde, generalmente, está expuesta a eventos extremos de precipitaciones derivadas del fenómeno El Niño o ENOS.

  2. La existencia de casas en mal estado y su asentamiento en zonas de baja pendiente, planicies aluviales o con una cercanía próxima al río.

  3. La variación en el uso de suelos y la disminución de la cobertura vegetal por el incremento de zonas agrícolas y deforestadas.

  4. La falta de conciencia ciudadana y la poca preparación en gestión de riesgos en la población.

  5. La incorrecta disposición final de residuos sólidos que puede obstruir el alcantarillado pluvial y/o el cauce de los ríos.

  6. La localización de la infraestructura comercial en sectores de pendiente de terreno baja y susceptible a ser inundada.

El uso de los SIG y las respectivas cartografías temáticas permitieron determinar que los poblados Lodana, El Níspero y los barrios Malecón, La Mocorita, Casa Lagarto y La Primavera se encuentran en las zonas más vulnerables física, social, económica y ecológicamente; esto evidencia la idoneidad de los SIG como una herramienta de trabajo para un rápido y eficiente análisis de riesgo de determinados fenómenos naturales en diversas áreas geográficas.

Asimismo, tanto los SIG como la cartografía de vulnerabilidad pueden ser considerados en futuros proyectos con fines agropecuarios, de construcción de infraestructuras urbanas, hidráulicas o sanitarias; incluso constituyen una base primordial para la creación de planes de ordenamiento territorial. De este modo, la gestión de riesgo constituye un pilar esencial en los planes, ya que permite delimitar las zonas de mayor riesgo e identificar si se trata de uno mitigable o no para implementar medidas estructurales o no estructurales como reubicación de viviendas e implementación de ordenanzas, entre otros.

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Notes

[6] Fenómeno o actividad humana que puede ocasionar la muerte, lesiones u otros impactos en la salud, medios de sustento, servicios o daños ambientales (UNISDR, 2009, p. 5).

[7] Zonas propensas a ser afectadas o hallarse bajo la influencia de un proceso determinado (Villacorta et al., 2012, p. 396).

[8] Propensión o predisposición a ser afectados negativamente; comprende elementos que incluyen la sensibilidad o susceptibilidad al daño y la falta de capacidad de respuesta y adaptación (IPCC, 2014, p. 5).

[9] Probabilidad de acaecimiento de sucesos o tendencias peligrosos multiplicada por los impactos en caso de que ocurran tales sucesos o tendencias (IPCC, 2014, p. 5).

[10] La vulnerabilidad global es la interacción de características y aspectos físicos, sociales, económicos y ecológicos, entre otros, que convergen en una comunidad particular (Wilches-Chaux, 1993).

[11] Presencia de personas, ecosistemas, infraestructura o activos económicos, sociales o culturales en entornos que podrían ser afectados negativamente (IPCC, 2014, p. 5).

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